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ADÉNTRATE EN EL ARTE Y LA CULTURA DEL EMPORDÀ A TRAVÉS DE SUS PERSONAJES

Marina Garcés

LA FILOSOFÍA TIENE EL PODER DE CURARNOS DE FALSOS PROBLEMAS
Por Ignasi Rifé Fotos Andrea Ferrés

Marina Garcés Mascareñas (Barcelona, ​​1973), filósofa y ensayista catalana. Uno de los conceptos centrales de su pensamiento es la búsqueda de lo común en el camino de desarrollar alternativas para enfrentarnos a las crisis actuales. Defensa la filosofía como una forma de vida, un arte que nace en la calle y que continúa sin interrupción en el espacio íntimo e invisible. Recientemente ha publicado 'Escuela de aprendices' (Galaxia Gutenberg, 2020).

Me cito con Marina Garcés a la fuente de los Lledoners, en la Selva de Mar. Esta fuente, situada dentro del curso del arroyo de la Selva, es conocida por formar parte del paisaje poético de Tomás Garcés (1901- 1993), abogado y poeta arraigado en esta población desde su juventud.

Qué recuerdos te despierta este paraje, tan concurrido y querido por tu abuelo? ¿Cómo describirías tu vinculación con el Empordà, tanto biográfica como emocional?

Para mí, el Empordà es el territorio de mi infancia, es mi paraíso perdido. Concretamente aquí, en la Selva de Mar, es donde se articula el vínculo con mis abuelos, Tomás Garcés y Pilar blusa. Muchos de los descendientes de esta unión continuamos manteniendo un estrecho vínculo con el pueblo. Aquí pasábamos los tres meses de verano; después de San Juan subíamos hacia aquí y ya nos estábamos hasta que empezaba la escuela de nuevo en septiembre.

Hablando del Empordà, qué valoración haces de los cambios que la globalización, a grandes rasgos, provoca en las idiosincrasias centenarias del mundo rural?

Es evidente que el impacto del capitalismo global sobre todo tipo de territorios, tanto rurales como urbanos, es de unas dimensiones y de una intensidad muy grande y, además, muy rápida. Yo diría que una de las características comunes de nuestro tiempo es que ya no sabemos dónde está nuestra casa. No me refiero a una idea de casa atávica o eterna, sino simplemente a aquel lugar donde sabes que podrás ir y volver, un lugar que nos está siendo expropiado continuamente. En las grandes ciudades de una manera evidente con la violencia inmobiliaria, y los entornos rurales con una fuerte despoblación estos últimos años, consecuencia de la dificultad de conciliar mundo rural y mundo turístico. La industria turística es una industria extractiva intensiva que cada vez más funciona por tiempos muy cortos y muy intensos de actividad, y provoca un fuerte impacto sobre ecosistemas muy frágiles.

Esto pienso que nos debe hacer reflexionar. A la vez, sin embargo, hay nuevas generaciones que deciden repoblar pueblos y entornos que no eran los de su origen, y se plantean la forma de relacionarse con ella de una manera no colonizadora, sino para aportar vida, crear raíces y generar formas de actividad, no sólo económica, sino también cultural y social, y este hecho representa una buena oportunidad para repensar el presente y futuro del mundo rural.

En tu libro 'Fuera de clase' podemos leer: "Resistencia es desobediencia a un sistema legal que convierte en norma la injusticia y la violencia en un monopolio". Dado que toda ordenación es, de alguna manera, una violentación de la realidad que pretende ordenar, sería preferible un caos 'justo', o previo a todo anhelo de justicia, a una ordenación 'perpetuamente' injusta? 

A menudo el poder, sea económico, político o familiar, se ejerce desde una misma amenaza: "O yo o el caos: o se pliegue a esta orden que le ofrecemos, aunque sea injusto o violento, o quedarás expuestos a todo tipo de amenazas catastróficas ". Entonces aceptamos fronteras, aceptamos tasas abusivas, leyes injustas. Esta dicotomía es un ejercicio muy típico del poder. Ante la cuestión de cuáles son las relaciones visibles que podemos ir estableciendo entre nosotros, la pregunta es quien tiene la legitimidad y quien tiene las condiciones -que no siempre van juntas- para poder generar, defender y compartir. Esto conlleva dos visiones de orden social que se contraponen: el poder desde arriba o la potencia colectiva de darnos modos y formas de vida; toda convivencia es frágil, pero al menos esta potencia tiene la virtud de ser aquel orden que nos podemos dar a nosotros mismos. El peligro ocurre cuando un grupo humano cree que su orden sólo puede ser mantenido y defendido contra otro, es decir, que la amenaza siempre es exterior. Esto está pasando ahora en todas las escalas de nuestra vida colectiva en Europa. Aceptamos esta frontera mortífera en el Mediterráneo, en el fondo, aunque no lo hacemos explícitamente, bajo este imaginario.

Si toda visión política de las relaciones humanas desemboca en un juego de relaciones de poder y, sobre todo desde el siglo pasado, este es un poder económico, hasta qué punto es legítimo ser rico mientras hay personas que viven en la pobreza?

No sólo no es legítimo sino que es violento, es una forma de violencia. Una violencia cada vez más extrema en términos de desigualdad; una desproporción irreversible entre la pobreza de muchos y la riqueza de muy pocos. Ha habido un golpe de estado económico y una toma del poder de las finanzas globales y la riqueza del mundo por parte de muy pocos que no sólo han continuado creciendo y acumulando, sino que tienen en sus manos el destino económico del mundo. Cuando la economía hace esta trampa de presentar sus números casi como una ley natural provoca este espejismo de despolitizar lo que en realidad son relaciones políticas de una gran violencia.

¿Cuál debe ser el papel de la filosofía, del pensamiento y acción filosóficas, en un mundo tan poco proclive a la reflexión y la profundización crítico?

La filosofía tiene la capacidad de enseñarnos a estar sin miedo en lo que no sabemos, es decir, pensar no es procesar lo que ya sabíamos, sino acercarnos a lo que no sabemos. Tiene una parte de juego, una parte de liberación y también una parte de continua curación respecto al dominio del miedo. Por eso la filosofía es inquietante para los poderes establecidos que quieren dominar las respuestas y monopolizar las preguntas. Creo, también, que la filosofía tiene el poder terapéutico de curarnos de los falsos problemas y de las falsas angustias.

Ante los tiempos pandémicos que nos ha tocado vivir, qué es lo que más te inquieta de lo que estamos viviendo?

Que convertimos esa sensación de un antes y un después en un episodio. Ahora todo parece excepcional, que todo lo tenemos que pensar de nuevo, que todo nos tiene que llevar a un mundo diferente, a un después desconocido, sea catastrófico o prometedor, y me inquieta que un día nos encontramos que simplemente la normalidad ha continuado y que el mundo no es tan diferente de lo que la pandemia nos podía haber llegado a hacer imaginar. Y la decepción que esto puede provocar. Haber vivido un esfuerzo tan grande, una situación de estrés, tanto emocional, social y personal como planetario para ver que no hemos hecho los cambios necesarios para que esto no vuelva a pasar puede ser un duro golpe. Ya está pasando y es parte de la actual desánimo. Nuestras vidas se han detenido, pero lo que mueve el mundo, el capitalismo mundial, las relaciones políticas, no se ha detenido.

Es un paréntesis o un mientras tanto?

Yo creo en los mientras tanto. La pregunta es cómo convertimos esta crisis en un tránsito, como hacer del paréntesis una transición. Una transición hacia un mundo que no se destruya a sí mismo, que es lo que vivimos ahora. El capitalismo global no es un sistema económico, que nos puede gustar o no; es una realidad social, política, ambiental, humana y no humana que basa su actividad en la devastación.

Algún motivo para la esperanza?

Creo más en la confianza que en la esperanza, más en las convicciones que en las expectativas. Un presente que ha recibido una sacudida tan grande nos pide compromiso, confianza, convicciones, no estar dispuesto a pagar cualquier precio para salir de aquí. Y todo esto son exigencias de presente y de futuro. Esto es lo que nos debe guiar. El deseo de no dejarnos entristeció, amansar y domesticar están, pero hay que cuidar y acompañar.

Tímida y seductora al mismo tiempo, la voz de Marina Garcés da forma a la denuncia permanente de su discurso: la búsqueda de un nosotros, siempre cambiante, pero a la vez potencia y eje desde donde salir del pozo en el que la humanidad transita desorientada. //