LA GUIA

LA REVISTA

[ la revista ]

ADÉNTRATE EN EL ARTE Y LA CULTURA DEL EMPORDÀ A TRAVÉS DE SUS PERSONAJES

Rusó Sala

LA MULTIPLICIDAD DE UN SONIDO
Por Agus Izquierdo Fotos Javier Almar

Entre mar y colinas, en la cala de Cap Ras, Rusó Sala (Rosas, 1982) nos confiesa que ha bebido mucha música: desde canciones sefardíes y mediterráneas a jazz o clásica. La roséense crea desde la emoción musical y, sobre todo, desde la curiosidad y la pasión por el descubrimiento: es una exploradora sonora. Su guitarra, en armonía con su voz, evoca inevitablemente paisajes de ensueño y escenas preciosas de otro tiempo. Acaba de estrenar Desire (Microscopio, 2019), el tercer disco que ha grabado y que presenta en formato trío con Míriam Encinas y Aleix Tobias, de Coetus.

Tu carrera está llena de idas y venidas. Entiendes la música como un viaje?

Es importante tener un lugar donde estar para reunir todo lo que vas recogiendo, pero sí, el viaje en mi caso ha sido básico. Los encuentros con gente de otras culturas y con otras audiencias hacen que te tengas que expresar de diferentes maneras. Cuando tocas fuera, la música entra por otros caminos, y te da la posibilidad de poder explorar más la parte musical. Hay momentos en que la palabra no importa, sino que lo que vale es como lo dices.

Resides en el Empordà. Lo consideras tu casa?

Considero el Alt Empordà un lugar de retiro. Si necesito concentrarme o inspirarme, tengo paisajes, silencio, el mar. Es un lugar al que necesito volver continuamente. Lo concibo como un lugar creativo.

Como empieza tu aventura con la música?

De pequeña, con la exploración. Al principio hice mucha danza, que era algo más corporal y rítmica. No es hasta los veintidós dos años que comienzo a recibir clases. Y cuando termino la carrera me voy a Barcelona, ​​en el Taller de Músics, donde estoy tres años. Al descubrir otros caminos posibles me desvinculé, y me lancé de cabeza a lo que a mí me gustaba.

Cuesta mucho detectar influencias concretas en tu música.

No te sabría indicar una influencia directa y concreta. Escuché mucha música de pequeña, sobre todo clásica. Y me he fijado siempre en gente como Freddie Mercury, Joan Baez o Joni Mitchell. Me emociona: cantaba con ellas, y me fusionaba con sus voces.

La música sefardí también es muy importante en tu obra.

Es un tipo de música que integra melodías muy antiguas que tienen  un gusto precioso. Por ejemplo, a través del melisma, que es la técnica para regular el canto de las vocales. Te das cuenta que se puede cantar de otra manera, recrearse y enriquecer las palabras. Y eso es lo que he intentado hacer en el último disco, Desire. 

Ahora que sacas el tema, hablamos de Desire.

Es un disco de transiciones, con una música que tiene una contención emocional muy bestia, con elementos hechos por músicos muy buenos: Aleix y Míriam. Ellos hacen que el poco sea mucho. Instrumentalmente, he trabajado con una contundencia que no es habitual.

Es un disco espiritualista?

En este disco hay poemas de Ramon Llull, que son místicos y espirituales. Pero más que espiritual, diría que es una búsqueda existencial. Más poética y filosófica, en la que intento buscar respuestas que no encuentro.

Como compones?

Pues normalmente estoy sola con la guitarra, y de golpe me sale una imagen o un concepto, y llega un momento que esto me emociona muy fuerte. Y trabajo a partir de estas emociones más profundas. Voy haciendo hasta que encuentro las palabras y la melodía que descifran lo que estoy sintiendo a través de una historia.

Entiendes la música como un ejercicio terapéutico?

Completamente. La música me ayuda a poner el foco dentro de mí, aunque  esté mirando hacia fuera y hablando de algún estímulo externo. Y en este sentido, la música cuidado, porque me siento conectada conmigo misma y con el mundo. 

Has musicado poemas de Lorca, Casasses, Maria M. Marçal, entre otros. ¿Qué relación tienes con la poesía?

La poesía me ha ayudado en momentos concretos a transitar emocionalmente. Musicar poemas es un ejercicio creativo muy bonito. A menudo, lo que escribe el poeta resuena en tu música, y entonces se establece un diálogo.

Rosa Zaragoza parece una persona importante en tu carrera. Como os conocéis?

Empecé a explorar la música sefardí y, tecleando en Google,  descubrí la Rosa. Investigué y resulta que era vecina mía en Barcelona. Le escribí y quedamos. Me invitó a hacer una gira con ella por Alemania, que supuso un gran reto para mí. Es una amiga-maestra. 

Ser músico es un sacrificio?

Yo me lo planteo diferente: para mí no hacer música suponía un coste brutal. Además, he escogido hacer una música «marginal», de minorías. Mucha gente me pregunta por qué he elegido hacer esto. Y soy consciente de que estoy fuera del circuito habitual. Pero pensé que, ya que me lanzaba al vacío, me lanzaba completamente. No me quejo nada, porque la balanza es positiva. Ser músico me da una libertad brutal. Me siento muy esclava y muy libre a la vez. //