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ADÉNTRATE EN EL ARTE Y LA CULTURA DEL EMPORDÀ A TRAVÉS DE SUS PERSONAJES

La Ruta del Viento

UN PASEO POR EL CORAZÓN DEL MONTGRÍ RODEADOS DE PIEDRA SECA
Por Ferran Codina Falgàs

Cuando pensamos en el Montgrí nos viene a la cabeza la silueta del castillo inacabado coronando la montaña, pero detrás de esta fachada icónica del Empordà hay un sinfín de rincones e historias por descubrir. Os proponemos un paseo por el interior del macizo al descubrimiento de elementos de piedra seca. Es la Ruta del Viento, que transcurre por parajes hoy día colonizados por bosques densos de acebuches, zarzaparrillas, estepas, aladiernos, coscojas, pinos y encinas que antiguamente habían sido campos de pasto, viñedos y olivos trabajados con mucha dedicación. Es un paseo de ocho kilómetros, sencillo, circular, bien señalizado y que se completa en menos de tres horas.

Poner una piedra sobre la otra, sin necesidad de argamasa de cal o de barro, simplemente asegurando que queden bien encajadas, es una técnica ancestral y muy económica; sólo se necesita saber hacer, tener la piedra al alcance, paciencia y horas. En el Montgrí, las construcciones de piedra seca proliferaron entre los siglos XVII y XIX. Los campesinos y pastores aprovechaban los recursos de la montaña y levantaron barracas, refugios, biombos, lechos, hornos de cal, cañadas, tomas de agua, canalizaciones, aixarts, bancales..., hasta el punto de que los elementos de piedra seca representan la mitad de todo el patrimonio cultural que existe en el parque natural del Montgrí, las Islas Medas y el Baix Ter. 

El itinerario comienza en la urbanización Torre Vella, entre Torroella y L'Estartit, donde se encuentra la cañada del Mas Ramades, un camino encajonado por donde circulaban los numerosos rebaños de ovejas y corderos que pastaban el macizo. Pasada la urbanización, subimos por un antiguo camino que conserva roderas surcadas en la roca viva, testigo de los carros que bajaban cargados de la cal fabricada en hornos como el que vemos debajo del margen derecho del camino. Haciendo camino llegamos al aixart d'en Bosqueta, un gran claro presidido por dos pinos piñoneros imponentes y una barraca pequeña de piedra seca que nos da la bienvenida. Si tenemos tiempo y ganas de enfrascarnos, podemos descubrir hasta cinco más alrededor. Se sale del claro por el lado derecho y por el camino de carro que sigue en medio de matorrales. Este paraje abierto, colonizado por estos arbustos de hoja puntiaguda, es un hábitat idílico para el aguilucho cenizo, una de las aves rapaces más singulares de aquí, junto con el águila perdicera. 

Dirección norte llegamos al Coma Llobera, uno de los principales cargos que recogía las aguas interiores del Montgrí y desembocaba en el antiguo estany de Bellcaire, uno de los más grandes que había en el Empordà. Sin dejar la ruta marcada encontramos un horno de cal escondido entre coscojas y, un poco más adelante, la sorprendente y majestuosa choza de los Herederos, ejemplo de chabola monumental con contrafuertes, corona y falsa cúpula, considerada una de las más grandes del Montgrí. Cerca está el horno de cal del mismo nombre, con la puerta y buena parte del alzado de las paredes. Seguimos entre parcelas de antiguos campos, cada uno con su chabola, y llegamos al Mustinyà. En este pequeño valle hay uno de los cinco pozos del macizo y otras dos barracas de planta circular muy bien conservadas.

La ruta sigue hacia el sur, hacia un final impregnado de olores de marinada, resina, tomillo y romero.


Ferran Codina Falgàs es arqueólogo y autor del inventario del patrimonio cultural del parque natural del Montgrí, las Islas Medas y el Baix Ter.

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