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AJOUTER SUR L'ART ET LA CULTURE DE L'EMPORDÀ PAR SES PERSONNAGES

Yoyo Balagué

«LA BELLEZA NATURAL DEL ERROR»
Par Tania Hirte Photo Nereis Ferrer

Yoyo Balagué trabaja inmersa en el exuberante paisaje del Baix Empordà. Cuenta con su propio estudio en Torroella de Montgrí. Estudió Bellas Artes y cuenta con una trayectoria previa en la industria de la moda. Yoyo Balagué se define como una «artista terrestre». Con un enfoque multidisciplinar, se ha especializado en cerámica, utilizando la técnica ancestral del pit firing (cocción en fosa) para fusionar la tierra y los elementos con su creatividad. En sus creaciones incorpora materias como la madera, el fuego, el agua y el aire; cada obra es una fusión entre la esencia de los recursos naturales y la maestría humana.


Decías que, para ti, un producto perfecto nunca es solo un objeto, sino una fusión natural entre la esencia de los recursos naturales y la humanidad. De todos estos elementos que recolectas, ¿cuál es el medio que más te inspira?

El mar, sobre todo. En el mar hay mucho movimiento, hay variaciones, y eso me apasiona. En mis obras se encuentra la naturaleza marítima, elementos de la Gola del Ter; todo este entorno me inspira muchísimo. El fondo del mar es oscuro, hay densidad, no es como la superficie. Mi madre, cuando ve mis obras, siempre dice: «¡Con lo alegre que tú eres, qué oscuro pintas!». Pero yo creo que hay un equilibrio casi onírico en mi obra. Un equilibrio vital que armoniza los contrastes; por eso me inspira tanto el paisaje ampurdanés, porque es confrontador en sí mismo. No busco agredir ni interpelar con los colores y las texturas de mi obra, sino arraigarme en el paisaje. Por eso paso tanto tiempo junto al mar; lo investigo, lo descubro. El escenario que me rodea es tan cambiante que siempre acabo revisitándolo.


Me pregunto cuál es tu proceso de creación y cómo has llegado a él.

Yo vengo del mundo de la moda. Me dedicaba al desarrollo de tejidos y de tendencias. Siempre con la pintura en paralelo, pintando, creando… Hacía avíos, estampación, todo lo relacionado con las materias y la producción textil. Pero un día dije basta, hubo como un momento de claridad. Creo que, con el tiempo, fui alejándome de aquel mundo; mi filosofía de vida se impuso a la profesión y me llevó a dedicarme por completo al arte. Ahora, desde mi pequeña parcela, observo. Respeto mucho mi pasado y estoy muy agradecida.


¿Qué es lo que más te atrae a la hora de crear?

El proceso es lo que más me atrae, todo el proceso en general. Tocar algo a lo que no estoy acostumbrada, salir de la zona de confort y adentrarme en algo que desconozco. El hecho de descubrir. La curiosidad.


Imagino que, para dedicarte por completo al arte, tu proceso personal ha consistido en despojarte de capas y llegar a la esencia, ¿no?

Sí, volver al principio, a ese equilibrio de la vida que busco en mi obra. Aunque también me impulso a salir de la zona de confort y mezclar técnicas. Hay poca gente que sabe que pinto, pero primero vengo de la pintura. He hecho grabado, me he formado como alfarera, en cerámica…


Las esferas parecen surgidas de un proceso geológico natural y primitivo, casi cósmico. ¿Qué simbolismo o significado esconden tus obras?

Me encanta el dios Ra, es el sol egipcio. Siempre firmo con «RA» las piezas cerámicas. Las pinturas no, pero la cerámica siempre lleva esta inscripción. Creo que, de alguna manera involuntaria, he hecho esta asociación.


¿Crees que tus obras encuentran la belleza en la imperfección?

Me gusta que el error forme parte de la pieza. Las grietas y las manchas son más que bienvenidas. El concepto genérico de belleza es casi impecable, como si no hubiera ningún proceso de formación, ninguna fisura.


Es sorprendente la habilidad de trasladar la creación a todos los aspectos de la vida de la artista, como en tu caso, en el que la obra conlleva una gran carga, física y emocional.

Sucede, sobre todo, con la cerámica. El barro hay que dominarlo. Yo, por ejemplo, no tengo torno. Lo hago todo a mano, con la técnica de toda la vida, los rulos, el urdido. Hay que tener mucha paciencia y no frustrarse cuando se rompen piezas, porque la cerámica es imprevisible. Cuando trabajas con ella, es un experimento constante, un trabajo de investigar la plasticidad y conocer qué tienes entre las manos, dejarte llevar, dar forma… El pit firing, por ejemplo, implica un desgaste físico y emocional muy pesado. Cuando me formé como alfarera me hicieron trabajar mucho el desapego, porque todo lo que produces lo tienes que desechar. Estuve casi dos años formándome en la Escola de la Bisbal. Hay piezas que he tenido que dejar ir, otras que mantengo cerca. Otras nacen del error y acaban siendo una pieza espectacular. Es la belleza natural del error, y sucede cuando confluyen tantas cosas que no controlas, pero formas parte de este proceso creativo.


Yoyo Balagué se expresa a través del arte. Su lenguaje de expresión es la curiosidad. Al trabajar, busca cómo la erosión de la materia, obrada por la naturaleza, ha forjado el escenario ampurdanés de calas horadadas, costas quebradas y acantilados abruptos. Su proceso es un ritual que impregna todos los aspectos de su vida, una meditación, una manera de conectarse con un estado primordial. Sus técnicas se fusionan generando una sensación de gravedad, forjando un sello único e inconfundible, puro y honesto.