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Al fin del mundo

CAMINO ANTIGUO DE CADAQUÉS A CAP DE CREUS
Por Ana Clavería Fotos Andrea Ferrés

Existe un camino serpenteante que, desde el siglo xix, permite ir caminando de Cadaqués al faro de Cap de Creus. Alrededor de siete kilómetros a pie que, a cada paso, van conquistando más y más el intelecto y el corazón.

Y es que esta antigua ruta es un pequeño tramo del camino de ronda que discurre entre Blanes y Portbou desde hace cientos de años. Los senderos ensortijados que componen el camino empujan al visitante a descubrir y soñar las historias del pasado que otearon estas tierras. Historias reales de contrabando, naufragio de barcos y vigilancia nocturna de los carabineros y la guardia civil en los siglos xix y xx.

Alrededor de la costa de toda la península ibérica están trazados desde hace siglos los caminos de ronda, que servían a los pescadores para ir a pescar o, tras un naufragio, para encontrar la zona poblada más cercana. Sin embargo, su nombre proviene de las rondas o guardias que realizaban las autoridades para controlar el tráfico de embarcaciones, especialmente en la posguerra, de 1940 a 1958, cuando se disparó el contrabando de básicos como café, azúcar, tabaco, chocolate, pimienta y penicilina, pero también de maquillaje, lencería, bisutería y ropa de seda. El coste del glamur y de los insumos lo fijaba la dificultad que tenían las embarcaciones para tocar tierra.

Partimos del cementerio de la ermita de Sant Baldiri, que data del siglo XVIII y bien merece una visita. Al dejarlo, a nuestra derecha surgirá, como por arte de magia, el primer paisaje embriagador: las brillantes cabezas de la casa-museo de Salvador Dalí y el predominante azul del mar Mediterráneo, graciosamente conquistado por las islas de Portlligat y Sa Farnera.

Pasamos por la cala de Portlligat y continuamos por la pista donde aparcan los coches. Dejamos varios accesos a calas y, justo antes de la unión de la pista con la carretera, tomamos un estrecho sendero a la derecha con un cartel que reza «Cap de Creus». A partir de aquí, la aventura está servida. La señalización es muy escasa, por lo que seguiremos nuestro instinto, la pintura verde y roja en las piedras y algunas indicaciones de Google Maps. En el momento en que nos topamos de nuevo con la carretera, la tomamos por unos 20 metros y volvemos al camino tras pasar la valla verde a la derecha.

Aparecen antiguas terrazas de viñas abandonadas, algunas con marcas de pintura blanca que resaltan entre la particular vegetación de la zona, en la que predominan los arbustos con flores de formas y colores únicos. Más adelante, restos de construcciones ancestrales con las bases perfectamente conservadas, mucha pizarra, tierra color amarillento azafranado y tramos de piedras desprendidas, sueltas, que entorpecen el paso y dificultan el paseo. Llegar al faro de Cap de Creus se convierte en un reto agridulce que engancha y no permite sino seguir hacia adelante.

Cala Sant Lluís, cala Guillola, cala Jugadora, cala Fredosa y ¡pam!, el faro de Cap de Creus en lo alto. Como el guardián de todas esas playas y también de las pequeñas embarcaciones que las visitan, de los turistas que bucean en sus aguas cristalinas y las parejas que se enamoran arrebatadamente en la orilla.

La combinación de colores y luz es tan bonita que paraliza, emborracha. Un torbellino de sensaciones conquista al excursionista durante el resto del camino y va in crescendo según se acerca al mar. El silencio solo se rompe por otros simpáticos caminantes que saludan, que ceden el paso y sonríen.

Al llegar al faro de Cap de Creus la intensidad del viento aumenta y casi vuelve loco. Abajo, Sa Cova de l’Infern, uno de los accidentes geográficos más alucinantes de la Costa Brava. Aquí el paisaje llega a su culmen, a un lado, Cadaqués y al otro, la cala Culip y la isla Cullaró. Todo un espectáculo que se puede contemplar con una bebida fresquita en la terraza del restaurante al lado del faro.

No cabe tanto en una foto o en un texto. Lo que esta excursión transmite es indescriptible, y solo puede entenderse si lo experimenta uno mismo. ¿A qué estás esperando?


Distancia: Alrededor de 15 km ida y vuelta

Dificultad: Media, con tramos difíciles por las piedras sueltas

Estado del camino: Sin conservar, salvaje y con escasa señalización. ¡Una aventura!

Recomendaciones:

1. El calor aprieta bastante. Es recomendable llevar gorra, crema solar, bastante agua. Lo ideal es salir temprano, pasar el día en una cala y regresar cuando baje el calor.

2. Si se para en una cala, vale la pena llevar tubo y gafas y ropa de baño.

3. Es necesario un calzado adecuado, las zapatillas de deporte resbalan.